Si os parece, os cuento un poco mi historia. Desde pequeño, siempre tuve un complejo, de esas cosas que te hacen no ser tú y que ahora puede acabar perfectamente en bullying. Mi dentadura no era bonita, bueno, era un desastre.
Mis dientes estaban un poco torcidos y tenían un tono amarillento que me avergonzaba. No me gustaba sonreír, o mejor dicho, me negaba a hacerlo. En las fotos salía serio, y cuando hablaba con alguien, muchas veces me tapaba la boca. Era algo que me afectaba más de lo que parecía, sobre todo a la hora de intentar algo con las chicas.
Recuerdo que en el colegio también me daba vergüenza sonreír. En la universidad, me costaba aún más. Y cuando empecé a buscar trabajo, sentía que por mis dientes nunca iba a poder trabajar de cara al público, que en mi caso, siendo comercial, era muy arriesgado. Todo cambió el día que conocí CIPEM, una clínica dental que me recomendaron unos amigos. Benditos amigos. Me contaron que allí realizaban tratamientos de estética dental muy efectivos, especialmente el blanqueamiento dental profesional. Eso que yo hasta el momento solo pensaba que era para famosos, aunque es cierto que había intentado algún truco casero, pero ya os digo que no sirven para nada.
Al principio, dudé. Pensé que sería caro o complicado. Pero decidí pedir una cita. Quería al menos informarme y ver si era posible mejorar mi sonrisa. Desde el primer momento, el trato fue excelente. Me explicaron todo con palabras sencillas, sin prisas y resolviendo cada una de mis dudas.
El especialista me habló del sistema de blanqueamiento dental profesional, y me aseguró que era diferente a los demás. Y llevaba razón, aunque lo que mejor sonó es que solo se necesitaba una sesión. Me explicó que el tratamiento no dañaba el esmalte de los dientes, algo que me preocupaba.
Me animé a hacerlo porque me veía ya como los famosos de la televisión que algunos como Jesús Vázquez o Paula Vázquez menuda sonrisa profiden que tienen.
El procedimiento
El procedimiento fue mucho más sencillo de lo que imaginaba y mira que me alegro. Recuerdo perfectamente que me senté en el sillón del gabinete. Todo chulo y valiente, pensaba que no había miedo. Así, el especialista colocó un gel blanqueador sobre cada diente y luego aplicó una luz LED sobre ellos. Se me hizo hasta corto, y eso que duró una hora.
Pero vamos, que lo mejor de todo es que no sentí dolor ni molestias, algo con lo que yo flipaba. Mientras la luz actuaba, el especialista me iba contando, y eso es algo que se agradece, que esa combinación de gel y luz era lo que hacía posible un cambio tan rápido en muy poco tiempo.
Cuando terminó la sesión, me dieron un espejo. La verdad es que no podía creer lo que veía. Mis dientes estaban varios tonos más blancos, limpios y brillantes. En algunos casos, me contaron, la diferencia puede ser de hasta 8 tonos en una sola cita, que eso si buscas en Internet es una pasada.
Salí de la clínica con una sonrisa de oreja a oreja que no recordaba desde que estaba en la guardería y me daban chuches.
Con el paso de los días, comencé a notar algo más importante: mi actitud cambió. Empecé a hablar con más seguridad, a mirar a la gente de frente y a sonreír sin pensar en cómo me verían. En mi entorno lo notaron también. Mis amigos me decían que me veía diferente, más feliz, más seguro de mí mismo.
Y no solo me cambió en lo personal. En el trabajo también marcó la diferencia. Unas semanas después de mi tratamiento, tuve una entrevista para un nuevo puesto. Entré a esa sala con una sonrisa amplia, confiado y tranquilo.
Y lo conseguí.
He escuchado muchas veces eso de que una sonrisa puede cambiarlo todo, pues oye, que es verdad. Una sonrisa blanca y cuidada, yo creo que es la puerta de entrada tanto a tu físico como a tu persona. Lo cambia todo. De verdad que te da mucha seguridad. YO ahora mismo me como el mundo.
Ahora mismo un blanqueamiento dental es una de las técnicas más solicitadas por sus pacientes. Y lo entiendo perfectamente.
Cada vez que veo mis fotos de antes, no puedo evitar pensar en todo lo que he pasado. Pienso mucho en mis primeros días en el instituto de mi pueblo. Y pienso en lo mucho que ha cambiado mi vida desde aquel día que decidí hacerme ese tratamiento. Lo que empezó como un simple tratamiento dental terminó siendo un antes y un después en mi historia, o mejor dicho, en toda mi vida. Por eso os lo recomiendo.

