Sierra de Gata, turismo rural en estado puro

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En el extremo noroeste de la provincia de Extremadura, lindando con la frontera de Portugal, debajo de la castellano-leonesa Salamanca y delimitada por las Hurdes, se encuentra la comarca de Sierra de Gata. Con una zona montañosa que posee el mismo nombre y da como resultado un paraje insólito, cuyas gentes, amables y cordiales sienten un apego especial.

No es para menos, la comarca que comprende varios pueblos ofrece unos paisajes y un ambiente rural, digno del mejor campero. Tierra de olivos cuya producción de aceite no tienen nada que envidiar a otros productores con más renombre. Viñedos que dan como resultado los mejores vinos extremeños y como no, el vino de Pitarra, cuyo carácter rústico todavía llena los chatos de los mesones.

La tierra extremeña ofrece a través de la Sierra de Gata, toda la oferta rustica y agrocultural que el turista rural busca en sus escapadas. El rumor que trae el agua de los ríos a través de sus escarpados valles. Las piscinas naturales que se forman entre brezo y jara. Contemplar el vuelo de las aves rapaces perdidos en las dehesas de alcornoque, roble y encinas. Noches frescas en verano en contraste con el sofocante calor del día. Un paraje sin igual para disfrutar de la naturaleza dentro de un entorno que no conoce de urbanismo.

Para aquellos que se decidan a adentrarse en esta zona repleta de parajes de ensueño, los amigos de Apartamentos Afala, conocedores de la singular belleza que ofrece la comarca, aconsejan las rutas de senderismo que unen pueblos entre sí.

Los veinte pueblos que se aglutinan en esta pequeña parte del noroeste extremeño, no suman entre sí, ni veinticinco mil habitantes. Eso deja una zona rural por descubrir donde la calidad de vida se encuentra en la naturaleza.

Trevejo con su particular castillo, Acebo, Robledillo de Gata, Villamiel… zonas rurales con un particular encanto y personalidad propia. Todos y cada uno de sus pueblos ofrecen ese entorno rural que el urbanita añora.

Entorno natural

Lo primero que atrae de esta zona es el patrimonio natural. Ese entorno en el que puedes encontrar desde espacios protegidos hasta un castañar con castaños milenarios.

Dentro del término municipal de Santibañez el Alto, se sitúa el Embalse de Borbollón. Rodeado de encinas, alcornoques, cereal y pastizales. En el medio del pantano, sin que las condiciones hagan mella en el, un islote con su propio ecosistema: aves acuáticas como la cigüeña blanca, patos, grullas o gaviotas, cuentan allí con su propio refugio. Hasta el Milano negro cuenta allí con una colonia en convivencia con las Garzas reales. Un paraje de ensueño para aquellos que disfruten observando a las aves en su estado puro.

Entre el citado Santibañez, Cadalso, Descargamaría y Robledillo de Gata, una zona denominada como “zona importante para aves”. Esta área, constituye una insólita reserva de buitres negros, cuya única ubicación en la parte noroccidental de la península es esta. Las aves rapaces cuentan con este espacio, apenas accesible para el ser humano, para criar a sus polluelos.

El monte Jálama, constituye uno de los puntos de mayor interés a nivel paisajístico. Tanto el paraje como la fauna y flora que lo acompañan, convierten a esta montaña que casi alcanza los mil quinientos metros en un atractivo turístico y un lugar para perderse.

Entre las Hurdes y Portugal, una zona montañosa coronada por pizarra, granito y los pinares que repueblan la zona. La encina y el alcornoque, nuevamente decoran estos parajes, donde además puedes encontrar algún animal propio de la zona.

Patrimonio histórico

Existen zonas en las que la historia prevalece tanto que parecen seguir viviendo en ella. Visitarlas te llevan a otra época, otro momento. Eso ocurre en la Sierra de Gata, cada pueblo es único y muestra una arquitectura muy religiosa, muy de antes. Basada en piedra y con una variedad que te transporta, como ya decía, a otra época.

Caseríos, palacios, almazaras… iglesias barrocas con auténticos retablos excelentemente conservados. Singulares edificios de tradición celta típicos de la arquitectura de la zona como el zahúrdon, construido como refugio para los pastores. O las típicas casas de tres alturas, con la bodega y la cuadra en la planta baja, la vivienda en la segunda planta y en la tercera, el sobrado.

Con cinco cascos históricos declarados por la Consejería de Cultura y Patrimonio de la Junta de Extremadura, como Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico Artístico. Cuatro son los castillos de renombre que en diferentes pueblos, se pueden encontrar, unos mejor conservados, otros en ruinas, pero igualmente, con un interés histórico sin parangón.

El sabor de la sierra

El paraje, el entorno, las gentes. Todo en la Sierra de Gata posee un carácter propio, una personalidad sin igual. En la gastronomía no podía ser de otra manera: la cultura, la tradición, las prácticas heredadas de sus ancestros a la hora de cultivar y ese saber hacer tan suyo.

La calidad de sus productos de carácter agroalimentario, kilómetro cero y cien por cien artesanos, cuentan entre su gama de productos con vinos, quesos, aceites, excelentes carnes, aceite y miel.

En cuanto a la gastronomía, sus platos típicos son el cocido en tres vuelcos, el bacalao dorado, las migas, calderetas y asados de cordero o cabrito, setas, serradura portuguesa y otros dulces típicos como las perrunillas.

Después de degustar estos productos o los platos típicos de la zona, lo que más conviene es hacerse una ruta de senderismo (o dormirse la siesta) y recorrer a pie, sin prisa y disfrutando del paisaje, cualquiera de los caminos que nos llevarán a buen seguro, a otro pueblo por descubrir.

Sin duda alguna, la Sierra de Gata es una comarca ideal para el turismo rural. Sus pueblos, sus gentes, la tranquilidad de sus paisajes bucólicos. Lejos de la urbe y sin apenas comunicación, la gran olvidada tierra extremeña, tiene mucho que ofrecer. Y es que, aunque las comunicaciones por vía aérea o ferrocarril, no lleguen a la comarca, los caminos si lo hacen. Sin duda, el camino, se hace al andar.

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