Los BMW M: medio siglo de ingeniería al límite

En la industria automotriz, hay marcas que fabrican coches deportivos y otras que son las que definen lo que un coche deportivo debería ser. BMW es parte del segundo grupo desde hace más de cincuenta años, a través de una división que nació con vocación de circuito y acabó conquistando las carreteras de todo el mundo occidental. Este reconocimiento se logra gracias a la gama M, que no es únicamente una línea de versiones más rápidas, sino una filosofía de ingeniería que ha ido evolucionando sin perder de vista su objetivo de llevar al límite lo que un vehículo de uso cotidiano puede llegar a ser.

Todo empezó en 1972, cuando BMW creó BMW Motorsport GmbH, la filial que hoy se conoce como BMW M GmbH, para llevar a cabo el desarrollo de tecnologías para la competición y poder trasladar ese conocimiento a los vehículos de producción. Sin embargo, en ese momento no estaba previsto que esa apuesta acabaría generando algunos de los automóviles más deseados de la historia del motor. Su crecimiento fue tan rápido que, en poco más de una década, la división M pasó de ser un departamento de competición a convertirse en una marca dentro de la marca, con identidad propia y una base de seguidores que pocos fabricantes han logrado construir.

 

El M1, el punto de partida

El primer vehículo que llevó la insignia M fue el BMW M1, presentado en el Salón del Automóvil de París en 1978. Diseñado por Giorgio Giugiaro, con carrocería de cuña y motor central, fue pensado para competir en el Grupo 5 de carreras, pero las complicaciones durante su desarrollo fueron tantas que terminó compitiendo en su propia serie de monotipos: la Procar. De este modelo se fabricaron tan solo 453 unidades, por lo que, actualmente, resulta ser una pieza de colección con un valor incalculable. Su motor de seis cilindros en línea de 3,5 litros, desarrollado junto a Lamborghini, sentó las bases técnicas de lo que vendría después y demostró que BMW era capaz de competir con los mejores fabricantes de deportivos del mundo.

Lo que vino después fue el BMW M3, presentado en 1986 con carrocería E30. Para poder usarlo en competición era necesario homologar al menos 5.000 unidades de calle, algo que BMW logró mucho más rápido de lo esperado. El M3 superó todas las previsiones de ventas y, al mismo tiempo, acumuló títulos en los circuitos de turismos de toda Europa. En pocos años se había convertido en un referente de lo que se dio a conocer como una berlina deportiva compacta, una categoría que prácticamente se definió por este modelo.

 

La evolución de una leyenda

Con cada generación, la gama M amplió su alcance sin renunciar a sus principios. El M5, introducido a mediados de los años ochenta, demostró que el alto rendimiento y la comodidad de una berlina podían ser parte del mismo vehículo. Su versión E39, producida entre 1998 y 2003, equipaba un motor V8 de cinco litros y 400 CV que la convirtió en referencia del segmento durante años. La versión E60 de 2005 fue más lejos todavía, presentando un motor V10 atmosférico de 507 CV. Esta configuración no se había visto antes en un vehículo de producción de estas características ni se ha vuelto a repetir.

El M3 siguió evolucionando generación tras generación sin perder su esencia. La versión E46, producida entre 2000 y 2006, es considerada por muchos aficionados como la síntesis del concepto original. Se trata de un coche compacto, ágil, con un motor atmosférico de alta capacidad de vueltas y un confort difícil de igualar para cualquier otro vehículo de la época.

Como explican desde la web oficial de BMW, el M3 original fue diseñado para la competición, pero la respuesta del mercado fue tan rotunda que se tuvieron que replantear sus objetivos de producción. Esa tensión entre el coche de carreras que buscaban diseñar y el coche de calle que requería la demanda fue, precisamente, lo que terminó por definir la evolución de su línea de alta gama. Cada nueva generación ampliaba la potencia y la tecnología, sin dejar de lado la sensación de conexión entre el volante y el asfalto que caracteriza a los coches deportivos.

 

La M como sistema: más allá del motor

Uno de los malentendidos más comunes sobre los vehículos M es que su diferencia respecto a los modelos estándar reside únicamente en la potencia del motor. Pero, en realidad, como se detalla en la enciclopedia automovilística de referencia en español, los modelos M implican también modificaciones en el chasis, la carrocería, la aerodinámica, los frenos y la electrónica. Cada uno de estos componentes se calibra de forma conjunta, para conseguir un comportamiento coherente a altas exigencias de conducción.

Estos vehículos requieren un nivel de conocimiento específico tanto para su mantenimiento como para gestionar sus sistemas. Por eso, desde Paiz BMW, señalan que la puesta a punto de un vehículo M exige una comprensión profunda de cómo interactúan sus distintos sistemas, algo que va mucho más allá de lo que contempla un mantenimiento convencional.

 

El presente y el reto eléctrico

La gama M lleva medio siglo construyendo su reputación sobre motores de combustión de alto rendimiento. Ahora, el reto está en mantener esa identidad adaptándose a los avances de la industria que se direccionan hacia la electrificación. La cuestión a responder es si conseguirán que un motor eléctrico transmita la misma sensación de conducción que ha definido a la línea M durante décadas.

En medio de este debate, la propia marca está gestionando con cautela, consciente de que la identidad M es su activo más valioso. Sin embargo, BMW ya ha dado los primeros pasos y ha lanzado al mercado sus versiones de modelos M híbridos enchufables.

Si bien la respuesta no está dada, su historia sugiere que la marca tiene capacidad para reinventarse sin perder el rumbo. Lo hizo cuando pasó de construir prototipos de circuito a fabricar berlinas para el uso diario. Lo hizo cuando integró la tracción total en una gama que siempre había apostado por las ruedas traseras. Y probablemente lo hará de nuevo. Porque la M no es una tecnología concreta, sino una forma de entender hasta dónde puede llegar un coche.

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